lunes, 16 de marzo de 2020



Un pedacito de sol

Todos los días entre las 11:30 y hasta las 13:00 hrs. llega el sol a nuestro balcón. En ese momento, agradezco un pedacito de cielo, y que por estos días, además, ha sido azul. Agradezco también tener un balcón (que mide medio metro de ancho) pero que hay muchas personas que no lo tienen. 
Esta posibilidad, de poder salir a una terraza, de tener un espacio hacia el afuera, la agradecemos mil porque es salir al exterior. 
El tema de los afuera y adentro en estos días es crucial, los límites del interior y exterior, las fronteras. De los cuerpos y entre los cuerpos, de qué está adentro o afuera. Y de cómo nos encontramos o no, con otros cuerpos. Puros sistemas vivos conviviendo. 
Por estos días, tener un pedacito de sol es un inmenso regalo. 
Para los egipcios el sol, Ra, representaba germinación, calor y luz. El dios sumerio del sol, Utu,  era al mismo tiempo dios de la justiciaEn Grecia, el dios del sol era Helios, quien 
cada día, conducía un carro por el cielo hasta el océano, para volver por Gea, la tierra. Y para los Incas, Inti, el dios más importante. Padre Sol y su esposa mama Quilla, la Luna, envían a la tierra al Inca. 
Sol: luz, justicia, vida, creación, energía divina. 
Así, a la hora del sol, todas y todos salimos a la terraza, a jugar, cocer, leer, o simplemente, echarse en una silla de comedor, como si fuese una cómoda silla de playa. Para en esa hora, que el sol da a nuestra cara y cuerpo, absorber estos valiosos rayos divinos. 

Trinidad Quinteros Cruz
Domingo 16 marzo 2020
Madrid, España.


viernes, 13 de marzo de 2020

Un Virus que corona la nueva conciencia


“Los chinos… ¿qué pasó? _ No …un virus, parece que un chino comió un animal y muto un virus muy peligroso...que está matando gente”. Así comienza el rumor, mientras vivo, acomodo e intento comenzar a disfrutar una estadía de estudios y experiencia en Madrid. 

Pobres…pensaba. Días más tarde, mi cuñada desde la región de Lombardía me llama, “es que está la escoba, suspendieron clases, muchos contagios, llego el corona virus”. “Joder” pienso, en mi nueva y útil expresión madrileña que sirve para tanto y ahorra tanto lenguaje. Pues…pobres, allá, en Italia. Me llama mi mamá preocupada por lo que está pasando “Siii le contesto, pero Carola y Gian están bien”. Pensando, como siempre en mí y en nuestra familia…

En Madrid estaba atenta como muchas colegas y compañeras, al 8M, eso estaba ocupando la energía y la agenda. Llegaba el día en que todas las mujeres del planeta nos congregamos y unimos por un solo y necesario objetivo en común, el poder y su repartición, igual y justa. Mientras, titulares seguían comentando la lamentable situación en China y ahora en la bella Italia, vacía y cerrada producto de la situación sanitaria.

Lunes 09 marzo, 18:00 hrs. España. Desde el ministerio de salud anuncian Urgencia Sanitaria: suspensión de clases en todas las escuelas y universidades, suspensión de todos los actos masivos, cierres de vuelos e indicación a la población de no salir de sus casas por 15 días. Y quizá, sea más.

Acá estoy y desde acá escribo, luego de pasar días duros emocionalmente, todo, de repente, se vuelca hacia una misma, ¿Tengo mocos?, “me duele un poco la garganta”, “estoy contagiada”, “me voy a contagiar”, “…y no voy a tener cama porque está colapsado el sistema de salud”, “me voy a morir”. Última frase y sentencia, la más angustiante e impensable, y/o lo más pandémico (como la OMS decretó hace dos días la situación), “nos vamos a morir todos”.

De estas fantasías de catástrofe y muerte, comienzo a la vez a conectar con la vida, estoy muy viva!, “no pasa nada”. Y es esa actitud la que en definitiva nos hace vivir a diario, estar conectados con la vida y negar, de alguna manera, que siempre se puede acabar, y que se acabará! 
Tengo tres hijas preciosas que estoy sosteniendo hace dos (recién) días en un cotidiano en casa. Que están llenas de vida, de juegos, de fantasías, de entusiasmo, y que alimentan el espacio decontruyendo estas ideas que la mente, desde el miedo, el individualismo y el ego, ponen como primer foco.

Las sostengo afortunadamente con otro, un masculino, que aporta desde su paternidad, y desde tantos lugares, como el alma y sujeta/os que cada uno y una somos. Cada quién inventa ahora maneras para sostener la vida: jugar, leer, arreglar un computador, cocinar, cocina de nuevo, limpiar. Aburrirse, reclamar, desesperarse, respirar, pintar, arreglarse, reparar y cocer ropa pendiente, escribir.

Como digo, llevo recién dos días, de 15 que quizá se alarguen…pero puedo comenzar a recibir y percibir cierta información. Gracias a mi conexión con la meditación y el estar presente, y de un trabajo que comencé hace algunos años con la danza y el yoga, y ahora, desde la educación somática, prácticas todas, que invitan a conectar con la presencia autentica y el cuerpo aquí y ahora. Puedo comenzar a mirar otro foco, algo más amplio y liberador. Y no será coincidencia, que mi pareja hace algún tiempo también, por su lado y propia búsqueda, entró a la meditación. Está ahora, haciendo un curso para instruirse, y esto hace que la meditación y el estado meditativo esté muy presente en casa.

“Nueva conciencia”, esta información me ha llegado profundamente, no podemos seguir desde el individualismo. No es por mí, es por todas y todos. No estoy en casa por 15 días cubriéndome del bicho, yo y mi familia para no infectarnos, es decir también, pero por sobre todo, porque hay otras y otros que la pueden pasar más mal, porque hay una población más vulnerable que yo, que necesita de la sanidad pública antes. Y porque podría estar infectada asintomática e infectar a otro/as. No es por mí, es por todas y todos.

Si no hacemos este giro urgente, habrá más violencia y muerte, más destrucción. Sacar todo de un supermercado porque tienes el foco sólo puesto en tú sobrevivencia y en la de los tuyos, no vale nada, es puro individualismo y angustia. Es ahora, que el trascendente nos pone e impone un cambio definitivo. Conciencia del colectivo, conciencia del ambiente y la tierra. Se trata entonces de una integración individual entre mente, cuerpo y espíritu, pero se trata por sobre todo, y en su dimensión más política si se quiere, de concientizar que estamos infinitamente conectados unos con otres, y que no puedo pensar en mí, si no pienso en los demás.

Parece chiste repetido, cuantas veces desde la biblia, el tao, o desde el corazón del espíritu socialista, hemos escuchado esto. 

¿Pero, crees que has hecho esto? ¿Crees que lo practicas realmente? 

¿Somos verdaderamente consientes de cómo y cuánto cuidamos nuestro medioambiente, el lugar donde vivimos? ¿Cuánta agua gastas en tu ducha diaria, cuanta comida desperdicias, cuánta plata mal gastas en cosas que no necesitas?, ¿Cuánto plástico acumulas y consumes?, (puedes agregar muchas más).
¿Cuánto tiempo perdemos mirando la imagen “altruista, estéticamente ideal, “ecofeministaconciente”, que proyecta Instagram pero que nunca logramos ser? Y que a ratos no da más, que para cerrar el teléfono cuando el cansancio aturde, y dormir para despertar en otro día más de individualismo?

¿Cómo vives el tiempo? ¿Cuántas veces al día te ríes?, ¿cuánto disfrutas de tu presente? ¿De lo que comes, lo que miras y tocas?, ¿Cuántos de tus actos diarios crees que benefician gratuitamente a otre que no lo espera?

Nueva Conciencia. 

Nueva economía, material y libidinal.

Estoy con la guata (o barriga acá) apretada, lo reconozco y acepto, no sé qué pasará, no sé qué días vendrán. Sólo sé que nunca, nunca lo sabemos, y que hemos vivido como si lo tuviésemos todo garantizado, como si no hay nada que cuidar, como si la vida es eterna y lo que tengo y acumulo también. Hemos vivido en el plano material y egótico, espantosamente egocéntrico. Salir de nuestro narcisismo y despertar no viene mal a propósito de este virus. No tenemos nada asegurado, las relaciones hay que cuidarlas, y el planeta también, ¿cuanto tiempo hemos mal gastado en violencia y hostilidad hacia los seres vivos con quién compartimos? 

No hay más tiempo que perder, relaciones amorosas, cuidar lo que eres, somos y donde habitamos, todos los sistemas son Uno/a…aunque vivimos y pensemos que nuestra subjetividad es única, sí, también! Pero nos equivocamos si pensamos que lo es todo. 

Voy sabiendo que esto que acontece, no me pasa a mí, o a un país, o a tres, es una crisis de todas y todos, es planetaria, y eso, en su mejor manera de pensarlo, es que no dejará a ni un ser humano fuera para recibir esta nueva conciencia.





Trinidad Quinteros Cruz
14 de marzo, Madrid, España.

jueves, 9 de noviembre de 2017





Resultado de imagen para Mouna silencio sánscrito

Mouna


Los duelos son siempre de uno mismo, es uno que se va en el otro que se va.

Los duelos son de la nostalgia de lo que se pierde de mí en esa persona.

Pero siendo justa y no demasiado narcisista, los duelos también son de esa persona en su individualidad, en lo que era para uno y para muchos otros, en lo que su personalidad, y más profundamente su alma, entregaba al mundo vivo.

Los duelos en este sentido casi siempre son de madre o padre.

Y cuando son de madre, alcanzan fibras entrañables,  desgarro hacia y en el tiempo de lo materno,

Hacia los orígenes siempre infinitos.

Transmisión de una lengua materna que habita en el cuerpo más que en las palabras.

O que habita en el cuerpo de las palabras,

Como trozos de carne que significan en si mismos.

Lo materno es desde las entrañas, un tiempo antiguo, arabesco, sevillano, indio, hindú.

Circula siempre en tierras nómadas y tránsitos móviles.

Danzas de colores.

Es música y sonidos en una ceremonia sagrada.

martes, 22 de marzo de 2016

Lo que se alcanza

Lo que se alcanza


Lograr hablar de uno mismo no es un logro dado, natural, poder situarse como un ser distinto a otro, realizar una primera diferencia entre un cuerpo y otro, es un logro somático y psíquico de vital importancia.
A mi por lo menos me produce gran júbilo escuchar a mi hija de tres años que últimamente ha empezado a amenazar con lo más terrible e hiriente que a su corta edad ha descubierto que puede hacerle a otro. Esto, cuando se ve amenazada o herida por nosotros, su mamá, su papá y sus hermanas de cuatro y diez años. Lo que creo la hiere, son momento en que se le llama la atención, cuando se le inquiere o atribuye alguna responsabilidad, o cuando la molesta su papá. El otro día su padre le decía, “si no te tomas la leche, te quedarás como un bebé”, cuestión que amenaza en lo profundo su logro hacia la madurez. Aunque ella insiste con jugar a ser bebé, y pareciera obtener gran satisfacción jugando a este papel, a veces ese destino regresivo se le vuelve claramente insoportable.

“No vas a ir a mi cumpleaños!”

Es el arma que ha encontrado para responder y defenderse ante lo que la hiere. Mi cumpleaños. Ya puede recurrir a un mi, un lugar sobre ella misma al que puede apelar para hacer frente a lo que le parece difícil, un espacio que no necesita de otro para sobrevivir.
Es un lugar que pareciera llenarse de omnipotencia, porque creo que imagina su cumpleaños como una gran celebración. De hecho, lo ha expresado así, “habrán pinturas para pintarse como princesas, muchos globos...y piñata!” fantasea...o más bien delira!. Evento que constantemente sigue sumando nuevos preparativos y aventuras en su cabeza.

Una fiesta narcisista! La primera fiesta que celebramos ya sea en la intimidad máxima, en el no querer saber nada de eso (sabiendo), o a través de la exposición más solicita. Ambas formas tienen que ver con lo mismo, con cómo le damos magna importancia a ese día, ya sea desde un acentuado no querer nada, a un ímpetu de compartirlo con todos. Estado depresivo, indiferente o maniaco, ninguno de estos se escapa de la autorreferencia cumpleañera. Nos ponemos al centro en ese día ridículo en el que jugamos o creemos ser lo más importante. Y no por nada, no es sólo por ser egóticos, es que ese día marca algo fundamental _ más bien fundante _ la posibilidad que hemos tenido de existir, de transformarnos en vida.

No importa entonces que hagamos fiesta o no, lo que importa es que ese día se imprime una huella sobre la cual depositamos una primera garantía de quienes somos, de que ese, mi cumpleaños, es único.

Últimamente Rafaela ha comenzado a utilizar esta arma en su doble filo, ya que cuando se ha visto agradecida y a gusto, se dispone ante el otro haciéndole una invitación afirmativa a este magno evento imaginado: “tú sí vas a ir a mi cumpleaños”-asegura.
Aunque su cumpleaños sea en cuatro meses más y aunque no sepa mucho aún de la cronología del tiempo, Rafaela ha conquistado un primer tiempo, el tiempo necesario para que se abra un espacio en el que ella sabe que hay un día que marca su existencia, un día que es suyo.

Lo que me encanta, es ser testimonio de este momento, de cómo ella va circunscribiendo y apropiándose de ese lugar propio, con todos los sufrimientos y satisfacciones que ello implica.

...Antes éramos como una, ahora toma lugar un ella y yo.



Trinidad Quinteros, 17 diciembre 2015.

miércoles, 16 de marzo de 2016

El Cuerpo y el ritmo de lo vivo. Lo que se resuelve en lo traumático...

Cuerpo, primera envoltura, carne, primera materialidad de la que venimos, quizá hace largos años, tiempo, quién sabe cuánto. Pero un día esa mezcla de alma-cuerpo nace, quizá nace de nuevo, pero nace. Nacimiento, experiencia inaugural, energía pulsional completa que con su fuerza y la de la madre, intervendrá en un nuevo y a la vez antiguo mundo. Energías pulsionales que se juegan entre la vida y la muerte.
Estamos aquí, ha ganado lo vivo. Sin embargo, nuestros malestares, nuestro sufrimiento, siempre remite a algo de eso que es salvaje, lo que no pulsó por vivir, tan arcaico e innombrable pero no por eso olvidado, al contrario! no lo hemos podido olvidar!, está inscrito en el cuerpo.
El cuerpo es esa materialidad que registra la memoria, en sus marcas está la experiencia, los avatares entre Eros y Tánatos.

Lo traumático, es ese lugar enquistado en el cuerpo, en el carácter! en el psiquesoma que aunque pasen los años se mantiene fijado, sin tiempo, sin que avance el tiempo. Lo traumático es ese fragmento mortificante que irrumpe sin tener lugar para la memoria, queda entonces como marca en el cuerpo y en todas esas resistencias que a diario tenemos con nosotros mismos y con el otro.

Lo vivo, el cuerpo a pesar de todo lo traumático está vivo! Pertenece a un sistema más allá de nosotros mismos, más allá y acá de nuestras pequeñas neurosis y psicosis, el cuerpo está vivo, es un organismo. Un árbol en un bosque, crece a pesar nuestro y tiene Alma!. No es sólo biología, bueno hasta las plantas tienen Alma...Todo lo vivo pulsa dentro de micros y magros sistemas.
Eso es la vida, conectar con el cuerpo presente y su materialidad, sus articulaciones, sus huesos, su musculatura...mover el cuerpo es traernos a la vida a cada instante, enraizar el cuerpo para que por fin respire y se contacte con lo más allá de lo traumático, y quizá para que esas marcas devengan por fin representación o imagen! Para expandirnos no sólo en relación a nosotros mismos y nuestro ombligo, sino en relación con todo lo vivo que nos acompaña.
El movimiento es vida, escuchar nuestro cuerpo es como escuchar el fluir de un río...el ritmo del agua, aparece lo importante y desaparece lo "importantísmo y urgente", pequeñeces que ocupan toda la energía de nuestra conciencia.
Lo podemos escuchar a cada minuto, en cada instante presente.


Trinidad Quinteros Cruz,
16 de Marzo 2016

miércoles, 16 de enero de 2013


Quisiera hoy volver sobre el interés de retomar y construir éste blog.
Lo pienso como un espacio de diálogo, un lugar de encuentro con otros para compartir lo que interesa, lo que insiste. Que si bien es siempre subjetivo, no por ello es sin otros. Sabemos que es al contrario, los otros (el Otro) como lazo, cultura y contexto constituye y posibilita lo subjetivo, lo particular.

Éste es un espacio para pensar sobre la psicología y la clínica, la salud mental y el ser humano. Para ello será necesario recurrir a la escritura, tanto de letras cómo de figuras en un espacio, ya que más allá de su contenido (o junto al saber que ellas portan) lo que me interesa son las nuevas configuraciones, los nuevos cuerpos que aparecen al producir una escritura.
Y para hablar de lo humano, es necesario recurrir a múltiples disciplinas, como la literatura, la filosofía, la historia, y la antropología, entre otras. Saberes que ayudan a pensar y abrir las posibilidades del Alma.
Por último me sirvo del arte y mi propia experiencia con la danza para poder crear y producir. Pensamientos, reflexiones y movimientos. Modelaciones que a través de la palabra y el cuerpo producen lenguaje.

Texto, texturas, telares
Gráficas, grafías
Cuerpo en movimiento
Creación
Reapropiación del espacio y su configuración.

Trinidad Quinteros Cruz.

Danza contemporánea: lo que se muestra.
La verdad de lo que no tiene palabras.

“La inscripción tiene una forma y una ritmo”[1]

Trinidad Quinteros Cruz. 

A continuación comentaré la obra de danza contemporánea “Diana”, creación nacional de la Compañía Pe Mellado Danza junto a CIEC (Centro de investigación y estudios coreográfico). Este trabajo está por ser estrenado en la Sala Santa Elena, espacio habilitado específicamente para el trabajo y las muestras de danza contemporánea a nivel nacional.

Describiré tres aspectos de ésta muestra que en su interacción y lectura me parecen interesantes de pensar a la luz de los procesos de simbolización, específicamente en relación a lo que se escribe o inscribe, y los mecanismos que la danza a través del cuerpo y el movimiento posibilitan.

La obra cuenta con trece intérpretes que están todo el tiempo en escena, actores y bailarines que se movilizan a partir de un proceso de improvisación y creación tanto individual como colectiva.

I. La espacialidad como contexto de la obra.

 “Diana” hace un quiebre con el espacio escénico común, no hay público en una galería e intérpretes del otro lado (casi siempre adelante), la muestra comienza con todas la personas entrando y eligiendo un determinado espacio, no hay asientos, la invitación es a transitar y elegir lugares, moverse para ver lo que se quiere ver. En definitiva no hay escenario, o mejor dicho existe un gran escenario que se habilita al momento de entrar a la sala, espacio donde conviven tanto intérpretes cómo espectadores, ambos se convierten en causantes de la obra para investir y dar lugar a pequeñas especialidades que se van cercando según el movimiento de los intérpretes y del público.

El espacio hace de continente de la obra a la vez que interactúa y se muestra como especialidad viva, que irá transformándose a medida que intérpretes y espectadores se mueven. Emergen así distintos habitad del espacio que van a determinar la forma espacial, circunscripción del espacio que va adquiriendo distintas dimensiones a medida que el intérprete se mueve, recorriendo y fundando espacialidad. De esta manera aparecen siempre nuevos lugares y formas, tanto de los cuerpos y los diálogos de movimiento, como en su relación con los otros cuerpos. 

Hay algo que se constituye instantáneamente y que está en relación con quien baila y quien mira o presencia la obra. En definitiva lo que es interesante de destacar, es la relación con el espacio y el tiempo coreográfico: no hay un tiempo predeterminado, el espacio está vacío y se va a constituir a partir de los tránsitos de cuerpos en movimiento.

En este sentido el espacio toma su lugar tridimensional y es posible habitar los lugares donde la obra acontece, pasearse y presenciar distintos focos. Se trata de una invitación a vivir “desde el adentro” la obra, el público en este sentido ya no es sólo espectador sino que vive y compone la obra, lo que se constituye en una experiencia activa que no sólo compromete la mirada sino que abarca una vivencia corporal. Es así cómo los límites del interior con el exterior se difuminan, las demarcaciones se van moviendo y figurando a través de la obra y todos quienes presencian el espacio.

II. La luminosidad

Un segundo aspecto que está muy ligado a la espacialidad es la luminosidad de la obra. Lo que se acostumbra a ver en una obra escénica son focos de iluminación que van acompañando, situando y demarcando las escenas, iluminación que viene desde un exterior y casi siempre está predeterminada cómo guión de la obra.

En el presente montaje lo que vemos es un espacio inicial cómo obscuridad total, no hay focos ni luces exteriores, y lo que irá abriéndose como contexto lumínico y espacial son pequeñas linternas o lets que cada intérprete lleva consigo para tomar las propias decisiones de iluminación de la obra. Los intérpretes eligen iluminar tanto respecto a sus propios cuerpos y escenas en movimiento como las de los otros actores, a veces son todos quienes se autoiluminan y mueven, y otras veces son escenas específicas que se iluminan y componen con la luz que los demás van proyectando. Es una iluminación móvil que va cambiando a medida que avanza el trabajo inprovisatorio.

Que la iluminación la maneje el propio interprete, además de ser un desafío y una responsabilización adjudicada al bailarín como autor de su propia obra, tiene que ver con situar a través de los focos y la luz pequeñas dimensionalidades y espacios, que la luminaria tradicional no alcanza a enfocar de manera tan clara.

Por otro lado el espectador va a fijar su mirada en lo que se ilumina, pero esto se convierte en una escena tramposa, en el sentido que el ojo, la visión, se acostumbra rápidamente al espacio obscuro, y lo visual se traspasa también a lo que no se muestra como primer foco de iluminación pero que de todos modos se ve. Tiene que ver con todas las imágenes que quedan fuera de lo que se ilumina como escena protagónica, fragmentos de cuerpo y acciones que simultáneamente van sucediendo y que son parte de lo que aparece. Éstas tienen lugar para quién mira no precisamente desde el foco lumínico, se convierten en imágenes colindantes que se dan a ver como transparencia dentro del espacio oscuro, quizá más ocultas y menos enfocadas, pero a ratos más importantes que las propias escenas que se iluminan, manifestando que lo que está más a la vista (cómo sabemos) es solo una parte de lo que acontece. La obra lo pone en evidencia con esta propuesta lumínica.

III. El cuerpo y el movimiento

Por último, me detengo en los movimientos de los bailarines y su corporalidad. Los movimientos no son predeterminados, la técnica no es algo que se utilicé cómo instrumento o modo de expresión, de hecho en la obra no aparecen movimientos de danza cómo fraseos o esquemas coreográficos, que probablemente son un lugar común cuando uno piensa en “danza”.
Tampoco los movimientos representan en sí un sentido o simbología, no es que los movimientos expresen en silencio un texto  mimetizado por el bailarín. Lo que se pone en escena en la obra Diana son cuerpos que se mueven desde un lugar propio, cuerpos que están tomados por cada intérprete en su singularidad y que van a determinar un lenguaje particular de movimientos.

Se trata de la puesta en escena de un cuerpo subjetivo, en tanto se pone en movimiento la fantasmática corporal de cada cuerpo. Hay algo singular que entra en diálogo con cada intérprete, en su relación con el espacio y con los otros cuerpos. Son decisiones, quiebres, ritmos y silencios que se eligen a partir de una fantásmatica personal.

Esto claramente no tiene que ver con la comunicación de un sentido unívoco, el mensaje se constituye en sí mismo a partir de trazos de movimiento en el espacio, los que toman consistencia en tanto se constituyen en un tiempo real, ya que aunque hay ciertos acuerdos, las relaciones entre los intérpretes aparecen a partir del contacto con el cuerpo propio y lo que emerge en la instantaneidad de la obra. El intérprete busca en este sentido encontrarse y decontruir su propio sentido de movimiento, la imagen del cuerpo se pone en tensión, en crisis.

Hay cierta verdad que se muestra a través del movimiento poniendo en juego los registros más primarios, como la relación con el espacio-tiempo de la obra (que va marcar un ritmo) y el despliegue de un cuerpo sensible, donde se disponen distintas dimensiones de la sensorialidad, como la piel y sus diferentes capaz de contacto, que dialogan con lo interior y lo exterior y que nunca termina de redefinirse en tanto el cuerpo es siempre móvil.

Se podría hablar de un transitar corporal que moviliza huellas corporales ya inscritas, y que se reencuentran en el momento de la obra para hacer algo nuevo, para volver a constituirse en una puesta en escena a través de un lenguaje propio de movimientos. Contenidos tanto simbólicos cómo imaginarios que se muestran en escena y que hacen particular a cada movimiento, convocando una memoria corporal que evoca el primer encuentro con el otro y con el propio cuerpo.

Lo que aparece entonces es una determinada manera de moverse, información esencial y particular que cada cuerpo porta desde el momento de constituirse en imagen. Registro que no sólo implica a la imagen, ya que el cuerpo primero es un territorio donde se hace grafía, primer lugar de inscripción, orificios y espacios que el Otro apuntala y que van a permitir cierta matriz inconsciente.

Metodológicamente se ha trabajado con los intérpretes desde los anclajes corporales, ubicando zonas del cuerpo que se han elegido a partir de un trabajo de improvisación, y que en este sentido posibilitan elecciones más aleatorias e inconscientes para el reencuentro con la memoria corporal fundante. Ir al  músculo como motor que abre el registro somatopsíquico no quiere decir que sea el músculo el origen, es una excusa, un modo de dejar el control más racional y poder situarse en los espacios intersticiales, entre lo somático y lo psíquico.

Es entonces lo más pulsional del cuerpo que va a ponerse en movimiento según una historia, ciertos códigos y formas que están ancladas desde muy tempranamente en el sujeto, registros somatopsíquicos que se ponen en acción para crear obra a partir de la escena de la danza como lenguaje. 

Se trata de un reencuentro con las huellas y los recorridos del cuerpo del deseo, ese que fue inscrito por Otro en los primeros tiempos de constitución psíquica. En este sentido emerge el cuerpo con sus fracturas, limitaciones y posibilidades, aparece el cuerpo del intérprete para decir algo, insistiendo en cierta repetición sintomática que en la obra se convierte en producción.

Reflexiones

En relación a lo que propone la obra y la dimensión simbólica, podemos señalar que lo que se busca entonces no es la representación cómo algo predado, sino que es la representación en su punto de ruptura de sentido, tocando un real corporal que no tiene que ver con imágenes desconcertantes ni demasiado trágicas, se aleja de la captura de la imagen cómo algo especular y meramente exterior para tocar el espesor del cuerpo, que transita entre lo no simbolizado y lo que ya ha sido inscrito. A. Juranville describe el momento enigmático de la obra artística y lo enuncia como “una discreta y secreta hiancia, una torsión del espacio de la representación que se entreabre sobre el otro lado del espejo”[2].

En Diana el contexto espacial y lumínico de la obra vienen a ser depositarios de lo que acontece, una especie de encuadre contenedor de lo que no tiene un sentido fijo, cada persona que mira y que está dentro del espacio escénico puede ir haciendo su propia lectura, y más que eso, la obra permite implicar al espectador como compositor también de la obra, lo que más que expectación se convierte en una vivencia.

Los cuerpos en escena convocan una dimensión que está entre la simbolización y lo que busca inscribirse, hacer algo con lo que no se tiene, con esos espacios vacíos que emergen y se producen en la obra por su constitución mismas, porque es algo presente y desconocido. En este sentido el movimiento y los diálogos corporales van haciendo un tejido moviente, que no obtura ni taponea el vacío, sino que lo circunscribe.

Se trata de momentos de ruptura que el intérprete provoca y desafía, pero que a su vez sabe (y puede) contener, pues para que un cuerpo se mueva de manera integrada se requiere de alguna unificación corporal.

Por último, podríamos aventurarnos a hablar de una forma de escritura a través de la danza, donde el cuerpo en movimiento marca un espacio y un ritmo. Arte privilegiado en el que se conjuga el autor, su materialidad artística y el intérprete. La creación, la obra artística queda impresa en el propio cuerpo del autor, sus movimientos son trazos de escritura, (Quinteros, 2005).

Una forma de escritura que remite más a la letra que a la palabra, es el cuerpo se mueve para trazar letra en movimiento, ya que más que el sentido, en la danza lo que importa es el gesto. El cuerpo se convierte en letra, Juranville señala que la danza “deja su lugar a una inventiva y a una improvisación singulares, que lo emparentan con una palabra, producto de una articulación significante de elementos gestuales que se escriben en la instantaneidad del cuerpo que se despliega en el espacio. Ya no estamos en el orden de una superficie corporal escrita, es el cuerpo mismo, corporeidad animada el que se hace letra”.[3]

El movimiento y su ritmo marcan y dibujan la letra a través del espacio, y en este sentido más que la enunciación lo que se destaca es el acto escritural, musculatura corporal que se mueve para darse a ver. 

“Lo que no se puede decir, sólo podemos mostrarlo” escribe Gaudillière. Hay algo de ésta afirmación, de la puesta en acto, que la obra de danza Diana pone en evidencia a través de su lenguaje corporal. Cuerpos parlantes que encuentran su forma de expresión a partir del cuerpo y el movimiento, lo que se muestra, lo que se da a ver, es lo que hace obra. Esto siempre que exista una doble faz, ya que por algo el intérprete no se psicotiza (o no del todo por lo menos), hay una saber con el que puede hacer y operar, y que es lo que le da cierta libertad y autoría al bailarín, a quien con su cuerpo habla. 















Referencias:

Anzieu, D; Gibello, B; Gori, R; Anzieu, A; Barran, B, Mathieu, M, Bion, W. Psicoanálisis y Lenguaje, Del cuerpo a la palabra. 1980. Editorial Kapelusz, Buenos Aires, Argentina, 1981.

F. Davoine y M. Gaudillière. El acta de nacimiento de los fantasmas. Seminario dictado durante los días 4 y 5 de julio 2008, Córdoba, Argentina. Ediciones Fundación Mannoni, 2012.

Juranvillle, A. La Mujer y la Melancolía. 1993. Edit. Nueva Visión, Buenos Aires, Argentina, 1994.

Quinteros, T. La danza como una propuesta de despliegue de la feminidad. A partir de la indagación y discusión de las teorías de Freud y Lacan formuladas sobre lo femenino. Tesis para optar al grado de licenciada en psicología, Universidad Diego Portales, 2005.

Quinteros, T. El Cuerpo en la Psicosis: Lectura de una experiencia de trabajo en un taller de danza-movimiento. Tesis para optar al grado de Magister en Psicología Clínica de Adultos, Universidad de Chile, 2009.





[1] F. Davoine y M. Gaudilliere, El acta de nacimiento de los fantasmas, Seminario dictado durante los días 4 y 5 de julio 2008, Córdoba, Argentina. Ediciones Fundación Mannoni, 2012. Pág. 135.

[2] Juranvillle, A. La Mujer y la Melancolía. 1993. Edit. Nueva Visión, Buenos Aires, Argentina. Pág. 66.
[3] Ídem. Pág. 196.